“Una vida sencilla entre gente sencilla y, en medio, Dios”.

Publicado el 03/06/2022. Arzobispado de Oviedo.

“Una vida sencilla entre gente sencilla y, en medio, Dios”

Tres nuevos sacerdotes y siete nuevos diáconos para la diócesis

“Toda la vida del Seminario la pasas esperando el día de tu ordenación sacerdotal. Es el momento en el que acabas y empiezas el ministerio que has soñado y que Dios ha pensado para ti. Eso lo crees tú y lo cree la Iglesia también. Por eso, es un día de fiesta”. Así explica el Rector del Seminario Metropolitano, Sergio Martínez Mendaro, el momento que va a llegar este próximo domingo, solemnidad de Pentecostés, cuando a partir de las seis de la tarde dé comienzo la celebración de las ordenaciones sacerdotales y diaconales. Este año, con tres nuevo sacerdotes, cinco diáconos transitorios y dos permanentes. Los futuros presbíteros son David Álvarez Rodríguez, natural de Avilés y de 38 años de edad; Pedro Martínez Serrano, de Oviedo, de 27 años y Natanael Valdez Arredondo, nacido en la República Dominicana, con 39 años. 

Los futuros diáconos –transitorios– son cinco seminaristas de edades comprendidas entre los 24 y los 46 años: Alfonso López García, de Riosa; Jesús del Riego Ruiz, de Oviedo; Javier Alumbreros López, de Alcalá de Henares; Steven Rivas Betancurt y Camilo Cardozo Polanía, ambos nacidos en Colombia.

Por otra parte, serán ordenados dos nuevos diáconos permanentes, y con ellos serán ya 14 los que tenemos en nuestra diócesis. Son Enrique Palomo Antequera de Gijón y Jesús Ángel Penín García, nacido en Avilés.  Ambos están casados.

En la vida cotidiana del Seminario se entremezclan historias, caminos y edades muy diversas de cada seminarista, pero eso, lejos de ser un obstáculo, supone una riqueza para su propia trayectoria. “Es muy bonito verles –recalca el Rector–. Desde la forma de ser de cada uno, su edad, sus circunstancias, ves cómo van respondiendo a esa llamada que viven y que tienen por parte de Dios. Les toca pasar seis años juntos, conocerse bien, ayudarse y sobre todo formar comunidad. Es precioso verles crecer en confianza, en seguimiento del Señor y sobre todo, ver cómo se apoyan unos a otros para llevar a cabo la labor que la Iglesia les pide”.

Los recuerdos y el aprendizaje de tantos años en el Seminario, por parte de los que ya van a abandonarlo definitivamente, no deja de tener un poso de nostalgia. “Podría hacer un grandísimo álbum lleno de recuerdos, de momentos vividos y compartidos con la comunidad, con los que están, con los que estuvieron y con los que se van a quedar cuando nos ordenen –comenta David Álvarez, futuro sacerdote–. Son momentos de mucha alegría, aunque también ha habido momentos duros, con salidas de compañeros, con pérdidas en la vida de familia que se genera en el Seminario, como la muerte de sor Jacinta, de don Ezequiel, de don Silverio etc. Fue difícil, pero también entonces se hizo Dios muy presente, y nos ayudó a hacer más comunidad, querernos más y sobre todo conocernos más. Así que ese álbum de recuerdos está lleno de la locura del amor de Dios en nuestras vidas”.

“Mirando hacia atrás –dice Pedro Martínez, que también se ordenará sacerdote este domingo–, parece que ha pasado en un suspiro. Pienso en ello con mucho agradecimiento, como un tiempo de conocerme a mí, por un lado: mis virtudes y mis defectos, mi debilidad; pero sobre todo, de conocer a Dios, que me ha elegido y me ha llamado, me quiere como soy. No me dice que tengo que cambiar y que ser perfecto para ser sacerdote, sino que me quiere y me ha elegido justamente porque su fuerza se realiza en mi debilidad”. 

Por otro lado, estos futuros presbíteros, Natanael, Pedro y David son conscientes de los retos a los que se enfrentarán a partir de ahora. Pedro cree que el primero y más importante es “ser normal”. “A partir del domingo –dice– lo que Dios quiere al menos para mí es que responda con la misma sencillez y normalidad con la que he vivido hasta ahora esta llamada, aunque sea en un nivel diferente porque Dios pone un don en nuestras manos, que es el sacerdocio, con todo lo que conlleva. Creo que Dios me dice que me ponga a trabajar con ello, siendo fiel cada día. Y todo ello sin grandes pretensiones ni sin pensar cosas extrañas, no. Con la misma vida sencilla que he tenido hasta ahora. El otro día una señora del asilo de Luarca, donde vivo, me decía “Padre es usted muy sencillo”, porque la estaba trasladando en su silla de ruedas. Y yo pensaba “qué bonito tener una vida sencilla, con gente sencilla, y dentro de esa sencillez, está Dios que es enorme”.

David piensa también en el día a día y en las particularidades de nuestra diócesis. “El principal reto que tenemos yo creo es la propia vida de los asturianos: los pueblos que se van quedando vacíos, los jóvenes que salen a trabajar fuera, las familias con dificultades, la baja natalidad, por ejemplo. Nos vamos a encontrar con una sociedad que nos necesita, quizás de otro modo distinto al de antes. Nos tocará afrontar el reto que traiga cada día, pero lo afrontamos con mucha ilusión y con esperanza de seguir sembrando en nombre de Dios y en manos de Dios quedará lo que hagamos”.

Un paso por detrás están los seminaristas que este domingo serán ordenados diáconos. Tendrán por delante un año de preparación, de trabajo en parroquias y en aquello que les pida la Iglesia. Steven Rivas es uno de ellos. Él nació en Colombia aunque con seis años vivía ya en Gijón, donde estuvo muy vinculado a su colegio, el Virgen Reina, y también a su parroquia, San José. “Tengo una alegría impresionante en mi corazón que no puedo describir” –reconoce–. “Dios va confirmando aquello a lo que siempre me ha llamado, desde muy pequeño. Siento que esto ya no es una locura mía (se ríe). Lo cierto es que estoy muy agradecido, porque Dios es fiel, y al mismo tiempo, siendo temor ante esta aventura que continúa”. Parece que fue ayer cuando ingresaba en el Seminario, un tiempo en el que destaca su “encuentro con Dios”, que le ayudó a encontrarse a sí mismo, y “con los hermanos en la comunidad”.