Cómo el Cristianismo está Adoptando la Agenda Laicista [y abandonando la pureza de los evangelios].

Los 7 errores doctrinales y pastorales que los alejan del cristianismo de los primeros apóstoles.

Una de las cosas más dramáticas que le están sucediendo al catolicismo es alejarse de difundir en el mundo la agenda que Jesús nos planteó con sus mandamientos, y en cambio acercarse a la agenda laicista.

Es claramente visible que sus llamados están resultando parecidos a los que propone al mundo, por ejemplo la ONU.

Y no es porque la ONU haya adoptado las premisas católicas, sino por el contrario, ha profundizado sus premisas laicistas.

Lo que está sucediendo es que el catolicismo está viajando hacia una interpretación de su misión, menos rigurosa con lo que propuso el Señor.

Muchas otras denominaciones cristianas lo habían comenzado a realizar antes y por lo tanto sabemos a dónde conduce esto, conocemos el futuro, no lo sabemos por mera teoría.

Aquí hablaremos sobre las cosas que están llevando a la Iglesia a un cristianismo más light, los 7 errores que está cometiendo, y cuáles son las consecuencias de seguir por este camino.

El cristianismo en occidente está viajando rápidamente hacia un menor compromiso con su doctrina histórica.

Sucede tanto en el catolicismo como en los protestantes.

Las jerarquías están pactando con el cristianismo light que se ha instalado en las bancas de las Iglesias, gracias a la falta de prédica de los sacerdotes sobre temas centrales de la fe.

Han predicado un cristianismo sin dogmas, con los ojos puestos en mejorar la vida en la tierra.

Todos podemos leer que los temas centrales de preocupación de este cristianismo se relacionan con la agenda laicista: el cambio climático, las migraciones o la crítica a la rigidez doctrinal de los fieles.

han pasado a segundo plano los valores cristianos centrales, como la defensa de la vida, o la corrección a los fieles que se desvían de los mandamientos del Evangelio y corren el riesgo de perderse para la vida eterna.

Hay como una obsesión de amoldarse a los signos de los tiempos, en lugar de predicar el mensaje original de Jesús que está estampado en la Biblia.

Técnicamente los sociólogos lo llaman a esto un cristianismo «de baja intensidad».

Y de este modo han logrado elogios de la sociedad laicista.

Esta propensión de hacer una religión sin dogmas lleva a las herejías, porque se ha dado una libertad tácita para cada uno arme sus creencias religiosas como le parezca, quitando lo que no le gusta y agregando otras cosas que originalmente no estaban en las enseñanzas.

Y es lo que está generando la escasa relevancia del cristianismo en occidente hoy y su implosión en las adhesiones.

Recordemos por ejemplo, que en algunos países como EE.UU. o Italia, los que se llaman católicos tienen una mayor presencia numérica en los parlamentos, respecto al pasado.

Sin embargo, su influencia es casi nula para imponer una agenda cristiana, porque los parlamentos se alejan cada vez más de los principios morales irrenunciables del catolicismo.

El caso más trágico sucede en EE.UU. con un presidente nominalmente católico desde el 2021.  

¿Y hacia dónde nos lleva esto?

Basta ver lo que les ha sucedido a las denominaciones que han sido pioneras en este “cristianismo de baja intensidad», para saber que el destino es la desaparición.

En el norte de Europa, anglicanos y luteranos escandinavos están haciendo una implosión.

Porque se apresuraron a conformarse con la tentación de adaptarse a la moral del mundo.

El norte de Europa, se ha convertido en una de las regiones menos religiosas del mundo, a pesar que en algunos casos los propios estados son confesionalmente cristianos.

Los países escandinavos fueron pioneros en la introducción de leyes contrarias a la moral cristiana.

Y hoy reina la moralidad del laissez-faire junto con la apatía religiosa.

Lo que sucedió fue que la doctrina y la praxis pastoral de estas iglesias las han hecho indistinguibles de la cultura secular.

Y la deriva que han llevado anglicanos y luteranos del norte de Europa ha puesto en entredicho la subsistencia de su religión.

En la medida que la línea demarcatoria entre este cristianismo y las expresiones culturales se ha desvanecido.

Los poderes seculares han presionado para una religión que no los incomode, una religión que no sea contracultural y protestataria, que no los contradiga, y lo han logrado.

Han presionado a los líderes religiosos que si abren las compuertas y se flexibilizan tendrán una vida más placentera, exitosa y popular.

Pero si no lo hicieran serían perseguidos, que es lo que está sucediendo hoy en occidente con los más ortodoxos.

De modo que si los católicos seguimos por el camino de renuncia a la ortodoxia del dogma y a su praxis pastoral, recibiremos el aplauso del mundo y sus favores.

Y si no lo hacemos, recibiremos la guerra, a través de una crítica feroz, estigmatización, persecuciones legales, recortes económicos.

este camino lo lidera la Iglesia Católica de Alemania por ejemplo, que quiere abrirse a la moralidad del mundo lo más posible.

Pero sucede en en menor o mayor medida en todo el catolicismo.

Y en este sentido viene a la memoria la visión de Joseph Ratzinger, que profetizó en el año 1969, a poco de terminado el Concilio Vaticano II, que la iglesia se achicaría, perdería poder y fe, y que iba a tener que empezar de nuevo.

Y que de este penoso camino de reconversión, que decía en aquella época que recién comenzaba, emergería una iglesia más espiritualizada y simplificada.

Ratzinger propuso optar por una iglesia más pequeña pero fuerte doctrinalmente.

Hacer que la Iglesia perdiera el miedo a ser minoría, y acepte las persecuciones como parte de su visión profética inherente.

Pero hoy está en marcha lo contrario, a través de 7 errores que muchos católicos están cometiendo y que lleva a la conformación de la Iglesia con el mundo.

El primer error es hablar de misericordia sin hacer referencia al arrepentimiento, es muy común escuchar sermones así, a pesar que las palabras de apertura del ministerio de Jesús fueron «¡Arrepentíos y creed en el Evangelio!».

El arrepentimiento es la llave que abre la misericordia.

La verdadera misericordia tiene como meta no dejar pasar el pecado, porque lo ve como un problema serio, y por lo tanto ofrece una salida si hay arrepentimiento.

El segundo error es el universalismo, que es la creencia de que la mayoría, si no todas las personas, serán salvados al final.

Esto es directamente contrario a las propias palabras de nuestro Señor, por las que atestigua que muchos están en el camino que conduce a la destrucción y sólo algunos están en el camino estrecho y difícil que conduce a la salvación.

Hay decenas de parábolas y otras advertencias sobre esto en la Biblia.

Sin embargo los católicos rara vez escuchan sermones que adviertan del juicio o la posibilidad del infierno.

Y dada la omnipresencia del universalismo hay muy poca urgencia por evangelizar.

El tercer error es igualar el amor a la bondad.

La bondad es un aspecto del amor, así como lo es la reprensión.

El verdadero amor, a veces, está dispuesto a insistir en el cambio y a reprender el error.

Sin embargo, hoy en día muchos en la Iglesia, piensan en el amor sólo como bondad, como afirmación, aprobación, o estímulo positivo.

Y es por eso que algunos acusan a los católicos de odiosos, porque simplemente no afirman lo que la cultura demanda que afirmen.

Para muchos católicos no importa que Jesús haya hablado francamente sobre el pecado y reprendido a los pecadores duramente.

Pero no, olvídense de todo eso dicen, porque Dios es amor, el amor es bondad y la bondad siempre es agradable y afirmativa.

Por lo tanto, concluyen que Jesús no puede haber dicho realmente esto que se le atribuye.

Este error reduce a Jesús a un hippie inofensivo y malinterpreta el amor.

El cuarto error es una extensión del anterior, malinterpretar la naturaleza de la tolerancia.

Muchos equiparan la tolerancia con la aprobación.

Y cuando piden tolerancia lo que realmente demandan es aprobación.

Otros adoptan una falsa tolerancia haciéndose indiferentes a la verdad o incluso reafirman el error.

Y luego, para rematar, se felicitan a sí mismos por la «superioridad moral» de su tolerancia, que dicen que es evangélica.

El quinto error es el antropocentrismo, que se refiere a la tendencia de poner al hombre como centro desplazando a Dios, lo que se ha profundizado desde el Renacimiento.

Esto es especialmente evidente en la Liturgia, donde el sacerdote exagera su presencia en lugar de la de Dios.

Y a veces las parroquias parecen más un club que un faro de luz, que ilumina a la comunidad.

El sexto error es la estaurofobia o miedo a la cruz, tratar de escapar del dolor y el sufrimiento cueste lo que cueste en lugar de buscar comprender por qué Dios te lo envió.

Y esto hace que muchos duden en emitir correcciones necesarias dentro de la Iglesia y en las familias, para evitar el sufrimiento.

Y el séptimo error es la deformación del diálogo, que ha llegado a significar una conversación casi interminable, que no tiene el objetivo de convencer al otro, sino que sólo significa hablar.

Hablar no es malo per se, pero en el Nuevo Testamento se usa en el contexto de dar testimonio y de tratar de convencer a los demás del Evangelio.

Pero en nuestros tiempos el diálogo generalmente da la impresión de que todas las partes tienen posturas válidas.

se trata meramente de entender la posición del otro, lo cual se lo presenta como digno de alabanza.

Bueno hasta aquí lo que queríamos hablar, sobre la adopción de la agenda laicista por parte de la Iglesia y cuáles son los errores por las que se introduce.

Y me gustaría preguntarte en qué otras cosas ves que muchos católicos están adoptando la agenda laicista.