La Cuaresma es un tiempo especial que la Iglesia Católica nos regala cada año para detenernos, mirar dentro de nosotros y volver a lo esencial. Comienza el Miércoles de Ceniza y dura cuarenta días, recordándonos los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto preparándose para su misión. No es un tiempo triste, sino un tiempo serio y esperanzador, un camino que nos invita a crecer y a renovarnos.
Durante la Cuaresma, la Iglesia nos propone tres pilares sencillos y profundos:
* La oración, para abrir el corazón a Dios.
* El ayuno, para aprender a desprendernos de lo que nos sobra.
* La limosna, para mirar a los demás con más amor y generosidad.
Todo este camino tiene un objetivo precioso: prepararnos para vivir la Pascua, la fiesta más grande de nuestra fe, donde celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte y el nacimiento de una vida nueva para todos.
La Cuaresma es, en el fondo, una invitación a dejar que Dios nos transforme. Es un tiempo para reconciliarnos, para perdonar, para empezar de nuevo. Un tiempo para caminar juntos como comunidad, apoyándonos unos a otros y recordando que Dios nunca se cansa de nosotros.
Que este tiempo cuaresmal sea para nuestra parroquia un momento de gracia, de alegría serena y de auténtica conversión. Un camino que nos lleve, paso a paso, hacia la luz de la Pascua.
