Acción Católica

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En Salinas desde hace algunos años, se reúne periódicamente, un grupo de Acción Católica. Es un grupo, naturalmente, abierto, en el que puedes participar.

Nos reunimos en la Casa Rectoral, en jueves alternos, a las 7,30 P.M. A donde puedes acudir, si lo prefieres, y en principio de oyente. Para lo que, previamente debes de comunicarte con:

Juan Carlos Tovar. Tfono. 679 749 217; E-mail jctovarpotes@yahoo.es

Marifí: Tfono: 687915984; E-mail eusebioymarifi@telecable.es, también WhatsApp

La Acción Católica General es una asociación de laicos definida sobre la base de las cuatro notas del Concilio Vaticano II para la Acción Católica. Tiene como misión la evangelización de las personas y de las realidades en las que está inmersa la parroquia. Es, por tanto, una propuesta para los laicos y laicas de todas las edades (infancia, jóvenes y adultos), y para todas las parroquias y diócesis.

Es una asociación organizada en:

Tres sectores: Infancia, Jóvenes y Adultos.

Tres niveles: Parroquial, Diocesano y General.

El nuevo Proyecto de la Acción Católica General está construido sobre cuatro pilares: espiritualidad, misión, formación y organización.

PROYECTO DE LA AC

Espiritualidad

La espiritualidad de la ACG es la vivida desde nuestra condición de
ciudadanos del mundo y de miembros de la Iglesia. Ambas dimensiones, social y eclesial, vividas de forma armoniosa y complementaria.
Es una espiritualidad que desarrolla la
unión y equilibrio en la vida cotidiana de lo que cada persona cree, vive y celebra.


La espiritualidad y misión del consiliario en la Acción Católica General no es otra que la
espiritualidad y misión del presbítero dentro de la Iglesia.
Y puesto que la parroquia es la matriz y el centro de gravedad de la Acción Católica General, con razón
el párroco está llamado a ser “el consiliario habitual” de la Acción Católica General.

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Misión

La Acción Católica General es
diocesana: pertenece a la diócesis, recibe su vida de la diócesis y la devuelve al proyecto de la diócesis. La Acción Católica General tiene en la parroquia su espacio vital y propio, aportando a la parroquia dinamismo en la madurez y crecimiento de los laicos y de su responsabilidad y protagonismo. Y la dimensión misionera, que se ocupa de los alejados y de las personas en situaciones de pobreza y marginación.
De esta forma la parroquia desarrolla plenamente sus dos dimensiones, unidas en una sola tarea: la parroquia como comunidad parroquial en la que participan las personas que se reconocen como creyentes y la parroquia como territorio de misión evangelizadora, que permite una convocatoria explícita de los alejados y los no creyentes para anunciarles el Evangelio de Jesucristo.

La Acción Católica General se ofrece a las parroquias para impulsar un laicado maduro, consciente, evangelizador y misionero. Para impulsar la evangelización de los ámbitos en los que está inmersa la parroquia. Y para trabajar para la unidad de la comunidad parroquial y la corresponsabilidad de todos sus miembros.

Formación

El objetivo de la formación es
suscitar, promover y alimentar la comunión con Jesucristo. Su finalidad no es meramente la transmisión de una doctrina, sino que es poner a la persona no sólo en contacto, sino en comunión con Jesucristo, mediante el encuentro personal con Él.Los destinatarios de la formación son los niños, jóvenes y adultos de nuestras comunidades parroquiales, y entre ellos se encuentran los militantes de la ACG.El proceso formativo es para toda la vida, sin cortes. Es el mismo proceso para los tres sectores, con tres concreciones (itinerarios) adecuados pedagógicamente a la edad y maduración de las personas. Es un proceso permanente, gradual e integral, que impregna todas las dimensiones de la persona, toda su vida.
El proceso formativo de la Acción Católica General ofrece a toda la Iglesia una
propuesta formativa para todas las personas, no sólo para los miembros de la ACG.

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Organización

La organización es la expresión viva de la tercera nota de la AC:
“unidos a la manera de un cuerpo orgánico”. Unidos los miembros de la ACG entre sí, y unidos a la comunidad eclesial en los distintos ámbitos. La organización es expresión y cauce de la comunión eclesial.

La nueva propuesta de la Acción Católica General, uniendo en una sola realidad a personas de todas las edades, permite proponer un proyecto pastoral integral, que no es necesario desarrollar, porque ya se está viviendo. No es una idea a llevar a cabo; es una realidad.
Garantiza un proceso continuado para toda la vida, que puede comenzar con el primer anuncio de la fe y que durará toda la vida del creyente.
Una propuesta que tiene en
la parroquia su espacio natural en el que ser Iglesia. Una propuesta que favorece la corresponsabilidad de todos los miembros, sea cual sea su edad y condición.

El fin del movimiento Acción Católica General es la “evangelización de las personas y de los propios ámbitos en que está inmersa la parroquia”. Esto implica que son también fines del movimiento:

Impulsar un laicado maduro y consciente, evangelizador, misionero y militante.

Impulsar la evangelización de los ámbitos en los que está inmersa la parroquia.

Contribuir a la unidad de la comunidad parroquial en la misión y a la corresponsabilidad de todos sus miembros.

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Asimismo, como Movimiento de Acción Católica, y siguiendo la doctrina del Concilio Vaticano II, se rige por los siguientes principios:

Fin apostólico: Acción Católica General asume como propio “el fin apostólico de la Iglesia, es decir, la evangelización y santificación de todos los hombres y la formación cristiana de sus conciencias de tal manera que puedan imbuir del espíritu del evangelio las diversas comunidades y los diversos ambientes” (AA 20 a).

Dirección seglar: los seglares de Acción Católica General “aportan su experiencia y asumen resp

onsabilidad en la dirección de esta organización, en el examen diligente de las condiciones en que ha de ejercerse la acción pastoral de la Iglesia y en la elaboración y desarrollo del método de acción” (AA 20 b).

Organización: en el Movimiento Acción Católica General “los seglares trabajan unidos a la manera de un cuerpo orgánico de forma que se manifieste mejor la comunidad de la Iglesia y resulte más eficaz el apostolado” (AA 20 c).

Vinculación con la jerarquía: Acción Católica General desarrolla su misión en “directa cooperación con el apostolado jerárquico”, y actúan “bajo la dirección superior de la misma jerarquía” (AA 20).

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Día de Acción Católica y del Apostolado Seglar: 15 de Mayo de 2016. Domingo de Pentecostés.

El próximo domingo 15 de Mayo de 2016 coincidiendo con la celebración del Domingo de Pentecostés, se celebra el  Día de Acción Católica y del Apostolado Seglar , y bajo el lema de “Testigos de la Misericordia”.

Con tal motivo el sábado 14 de mayo, en el Seminario Metropolitano de Oviedo tendrá lugar la Preparación y Vigilia de Pentecostés de Acción Católica a partir de las 17.00 horas.

En los archivos adjuntos puedes ver en detalle el programa de actos, horarios y demás  información al respecto.

Decargar archivo:  Díptico Dia AC 2016

http://www.conferenciaepiscopal.es/15932-2/

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Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2016

El día 15 de mayo de 2016 se celebra la Solemnidad de Pentecostés y día de la Acción Católica y Apostolado Seglar. Bajo el lema “Laicos, testigos de la misericordia” la Jornada invita a inspirarnos durante este Año Santo en la bienaventuranza “Dichosos los misericordiosos, porque encontrarán misericordia” (Mt. 5,7). Llevar nosotros la misericordia de Dios a través de un compromiso de vida, que es testimonio de nuestra fe en Cristo.

-Laicos, testigos de la misericordia.–15 de mayo de 2016.-

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Esta semana nos hemos acercado a la realidad de la Acción Católica General en nuestra diócesis. Así habla sobre ella su Consiliario, el sacerdote Juan Hevia Fisas.

Una realidad esperanzadora.

 

Escribe Juan Hevia Fisas, Consiliario diocesano de Acción Católica General

La Acción Católica General, heredera de una ya larga historia, nace como tal en el verano de 2009 con la clara vocación de colaborar en la misión de la Iglesia: la evangelización en el mundo y la sociedad actual, es decir, la misión de anunciar a Jesucristo a todas las personas, de colaborar en la maduración de la fe cristiana de aquellos que dan sus primeros pasos en la Iglesia, de establecer en todas las parroquias una propuesta estable de apostolado asociado para que la acción evangelizadora de los laicos sea más eficaz y se realice en un clima de comunión y celo apostólico.

Es una propuesta firme y seria para todos los cristianos de nuestras comunidades parroquiales, para los laicos normales y habituales de nuestras parroquias y diócesis. En las parroquias nos podemos encontrar con laicos bautizados pero que no han descubierto en toda su profundidad lo que es ser cristianos adultos en la fe y corresponsables en la misión. Es, por tanto, una propuesta para los laicos de todas las edades y para todas las parroquias y diócesis: la ACG acompaña “para” las comunidades parroquiales y para la diócesis, y por tanto lo hace en “estrecha relación” con los sacerdotes y el Obispo diocesano.
¿Cuál es el papel del Consiliario? Respondería a través de otra pregunta: ¿cuál es el papel del sacerdote diocesano?… pues el mismo, ni más ni menos. Si la ACG es la forma habitual de los laicos de las parroquias y de la diócesis, lo normal, es que el consiliario que acompañe esta realidad laical lo haga con la espiritualidad que le es propia al presbítero secular, sin necesidad de más añadiduras. Si la diocesaneidad es una dimensión esencial y constitutiva de la ACG, lo lógico es que esa misma dimensión se reclame a quienes, desde su ser ministros ordenados, están llamados a acompañar a la ACG; simplemente porque esa dimensión le es propia al sacerdote diocesano.
La ACG nace en la misma matriz y seno que el sacerdote diocesano, criada para apostar por el fin general de la Iglesia diocesana, en estrecha colaboración y relación con el Obispo diocesano; por tanto el sacerdote consiliario es el sacerdote párroco o vicario parroquial normal de cualquier parroquia normal de cualquier diócesis.
Mi papel como Consiliario diocesano conlleva además el acompañamiento de la Comisión Diocesana de la ACG y de los sacerdotes consiliarios de las distintas parroquias en las que está inserta la ACG en nuestra diócesis, así como participar de los diferentes encuentros y actividades que se organizan tanto en el nivel diocesano como en el general.
Situación actual de la ACG en la diócesis, hoy: esperanzadora. La ACG está presente en unas 14 o 15 parroquias repartidas por distintas zonas de la diócesis. En unas parroquias con mayor presencia y en otras con menos. En este presente curso pastoral una parroquia, la que debe de tener en estos momentos casi el mayor número de niños en catequesis, ha empezado a trabajar con los materiales que la ACG ha puesto al servicio de toda la Iglesia desarrollando los contenidos del reciente catecismo “Jesús es el Señor”; lo han decidido así porque han asumido, sin prejuicios de ningún tipo, que lo que ofrece la ACG es perfectamente válido y necesario para la evangelización hoy. Por tanto, es una situación esperanzadora.
Asimismo la tarea llevada a cabo desde hace años en el sector de infancia y el testimonio de los que componen el sector de adultos, desde hace ya muchos años, va dando frutos generosos en la permanencia y maduración en los procesos de fe como se manifiesta en un importante número de grupos de jóvenes.

Iglesia en Asturias Noviembre de 2016.

Acción Católica General: una propuesta para los laicos

 

Javier Martínez Fernández, de 43 años y padre de tres hijos, es, desde el pasado mes de septiembre, el nuevo presidente de la Acción Católica General en la diócesis. Fisioterapeuta de profesión, es uno de los ejemplos de niños que conocieron la AC con tan sólo 8 años, en la parroquia de La Purísima del Nuevo Gijón. Desde entonces, su vida ha estado ligada a esta asociación, una relación que tan sólo interrumpió durante dos años por una estancia laboral en Mallorca. Aquello le supuso “una oportunidad” –reconoce– para descubrir la Iglesia desde otro punto de vista, colaborando con la Pastoral Juvenil y formando parte del Sínodo que en aquellos años se celebraba en la diócesis.

Actualmente, Javier vive su fe dentro de un grupo de vida de adultos en la parroquia de San José de Gijón, la ciudad donde más arraigada se encuentra la Acción Católica en la diócesis –hay presencia en otras poblaciones, como Oviedo y Avilés, y en menor medida en localidades como Cartavio, Luarca, Llanes, Blimea o Mieres–. Su pertenencia a la Acción Católica como un elemento fijo a lo largo de su vida lo considera “algo natural”: “me permite ir creciendo como cristiano a lo largo de los años, y todo ello dentro de un mismo grupo, que acaba siendo para ti como una familia, lo cual te permite hacer un camino más rico”, señala. Es para él un compromiso “muy coherente” porque le ayuda “a madurar como cristiano y también a transmitirlo a los demás, en consonancia con el fin de la Iglesia, que es evangelizar dentro del ambiente que le toca a cada uno. Yo personalmente me siento un privilegiado –señala– porque el ámbito de la salud en el que trabajo favorece el acompañamiento a las personas”.
En la diócesis pertenecen a la Acción Católica General unas 300 personas, de las cuales la mitad aproximadamente son niños, y la otra mitad se divide, casi al 50%, entre jóvenes y adultos. El trabajo y la formación tienen a la Iglesia como referencia fundamental: “La AC es la herramienta de la que se dota la Iglesia para permitir la maduración en la fe de los laicos. Es como el cauce por el que cualquier laico puede participar de una organización con un proyecto que le permite vivir su fe de forma progresiva, de una manera integral y a lo largo de toda su vida”. Así define la AC su nuevo presidente diocesano, y recuerda que “no tiene ningún carisma específico”, es como la “marca blanca” de la Iglesia, que trabaja, además, con unas herramientras que se han probado durante muchos años y que suponen una gran riqueza para la Iglesia, como es el  “ver, juzgar, actuar”, así como la “revisión de vida”, o los “itinerarios de formación”.
Muchos conocen la AC desde niños, y comienzan a formar parte de ella en sus propias parroquias. Un proceso por el que el niño “integra de manera natural ese proceso del ver, juzgar y actuar, generalmente a través del juego, permitiéndoles descubrir valores, saber lo que Jesús nos dice a través de una realidad concreta que vemos, y conocer qué podemos hacer nosotros respecto a ella”.
La AC tiene una larga historia, con un período de crisis importante a mediados del siglo XX. Sin embargo, “hoy el proyecto que se plantea en la ACG supera esa imagen antigua. En la actualidad está muy clara la cuarta nota –asegura  el Presidente– del especial acompañamiento de la jerarquía eclesial, y el servicio que la AC tiene que dar a la Iglesia, con su mismo objetivo: la evangelización”.
Una historia –explica Javier– “llena de luces y sombras”, afirma, pero actualmente “muy ilusionante”, donde “damos un paso al frente y ofrecemos un proyecto nuevo y muy coherente con el momento y las necesidades actuales de la Iglesia, una Iglesia misionera, o como dice el Papa, “en salida”.

Iglesia en Asturias noviembre 2016.

El Papa recibe a los chicos de la Acción Católica Italiana para las felicitaciones navideñas.unnamed.jpg

Los mejores parabienes y la caridad

También este año los chicos y chicas de la Acción Católica de toda Italia llegaron al Vaticano para desearle Feliz Navidad al Papa

Felicitaciones que Francisco recibió con particular alegría y agradeció de corazón, al estar acompañadas por los frutos de iniciativas de solidaridad en favor de los pobres y de las personas más desfavorecidas:

En lo que ya es un encuentro tradicional, para el intercambio de felicitaciones navideñas, el Papa agradeció asimismo la presentación de las actividades que desarrollan. Y subrayó en particular, la que coincide con el siglo y medio de su institución:

«Quiero decirles que aprecio mucho los encuentros de conocimiento y de cercanía que en este año – el 150 de fundación de la Acción Católica– están realizando con los ‘abuelos’ de la Asociación. Ésta es una cosa muy bella e importante, porque los ancianos son la memoria histórica de toda comunidad, un patrimonio de sabiduría y de fe que hay que escuchar, custodiar y valorizar».

El Niño Jesús está en los marginados que nadie quiere mirar y amar

El Santo Padre animó el camino de formación que cumplen, inspirado en la metáfora de detenerse fotografiando los momentos decisivos de la vida de Jesús, para intentar «parecerse a Él, que es su mejor y fiel amigo»:

«Contemplando la vida y misión de Jesús, comprendemos que Dios es Amor. Por ello, sean buenos ‘fotógrafos’, tanto de lo que hizo Jesús, como de la realidad que los rodea, con mirada atenta y vigilante. Tantas veces hay personas olvidadas: nadie las mira, nadie las quiere ver. Son los pobres, los débiles, relegados a los márgenes de la sociedad, porque se les considera como un problema. Sin embargo, son la imagen del Niño Jesús rechazado y que no encontró acogida en la ciudad de Belén, son la carne viva de Jesús que sufre y es crucificado».

Con su aliento a preguntarse a quién prestan más atención en la escuela y en su alrededor, el Papa Francisco reiteró su exhortación:

«He aquí cuáles son vuestras ‘periferias’: intenten enfocar sus cámaras en los compañeros y personas que nadie ve nunca y atrévanse a dar el primer paso para salir a su encuentro, regalarles un poco de vuestro tiempo, una sonrisa, un gesto de ternura.

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Misal

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Lectio: Sábado, 19 Mayo, 2018
Tiempo de Pascua

1) Oración inicial
Dios todopoderoso, concédenos conservar siempre en nuestra vida y en nuestras costumbres la alegría de estas fiestas de Pascua que nos disponemos a clausurar. Por nuestro Señor.
2) Lectura
Del santo Evangelio según Juan 21,20-25
Pedro se vuelve y ve, siguiéndoles detrás, al discípulo a quien Jesús amaba, que además durante la cena se había recostado en su pecho y le había dicho: «Señor, ¿quién es el
que te va a entregar?» Viéndole Pedro, dice a Jesús: «Señor, y éste, ¿qué?» Jesús le respondió: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿qué te importa? Tú, sígueme.» Corrió, pues, entre los hermanos la voz de que este discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga.» Este es el discípulo que da testimonio de estas cosas y que las ha escrito, y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero. Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran.
3) Reflexión
• El evangelio de hoy empieza con una pregunta de Pedro sobre el destino del discípulo amado Señor, y éste, ¿qué? Jesús acababa de conversar con Pedro, anunciando el destino o tipo de muerte con que Pedro iba a glorificar a Dios. Y al final añade: Sígueme. (Jn 21,19).
• Juan 21,20-21: La pregunta de Pedro sobre el destino de Juan. En aquel momento, Pedro se volvió y vio al discípulo a quien Jesús amaba y preguntó: Señor, y a éste ¿qué le va a ocurrir? Jesús acababa de indicar el destino de Pedro y ahora Pedro quiere saber de Jesús cuál es el destino de este otro discípulo. Curiosidad que no merece una respuesta adecuada de parte de Jesús.
• Juan 21,22: La respuesta misteriosa de Jesús. Jesús dice: Si quiero que se quede hasta que yo venga, ¿a ti qué te importa? Tú: sígueme. Frase misteriosa que termina de nuevo con la misma afirmación que antes: ¡Sígueme! Parece como si Jesús quiera borrar la curiosidad de Pedro. Así, como cada uno de nosotros tiene su propia historia, así cada uno tiene su manera de seguir a Jesús. Nadie repite a nadie. Cada uno debe ser creativo en seguir a Jesús.
• Juan 21,23: El evangelista aclara el sentido de la respuesta de Jesús. La tradición antigua identifica al Discípulo Amado con el Apóstol Juan e informa que él murió muy tarde, cuando tenía alrededor de 100 años. Al enlazar la avanzada edad de Juan con la misteriosa respuesta de Jesús, el evangelista aclara: “Por esto corrió la voz entre los hermanos de aquel discípulo que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no había dicho a Pedro: «No morirá», sino: «Si quiero que se quede hasta que yo venga, a ti, ¿qué?» Tal vez sea una alerta para estar muy atentos a la interpretación de las palabras de Jesús y no basarse en cualquier rumor.
• Juan 21,24: Testimonio sobre el valor del evangelio. El Capítulo 21 es un apéndice que fue aumentando cuando se hizo la redacción definitiva del Evangelio. El capítulo 20 tiene este final que lo encierra todo: “Hay además otras muchas cosas que hizo Jesús. Si se escribieran una por una, pienso que ni todo el mundo bastaría para contener los libros que se escribieran. Han sido escritas para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Y para que creyendo, tengáis vida en su nombre” (Jn 20,30-31). El libro estaba listo. Pero había muchos otros hechos sobre Jesús. Por esto, en ocasión de la edición definitiva del evangelio, algunos de estos “muchos otros hechos” sobre Jesús fueron seleccionados y acrecentados, muy probablemente, para aclarar mejor los nuevos  problemas de finales del siglo primero. No sabemos quién hizo la redacción definitiva como tampoco el apéndice, pero sabemos que es alguien de confianza de la comunidad, pues escribe: “Este es el discípulo que da testimonio de las cosas y que las escribió. Y nosotros sabemos que su testimonio es verdadero”.
• Juan 21,25: El misterio de Jesús ¡es inagotable! Frase bonita para encerrar el Evangelio de Juan: “Jesús hizo además muchas otras cosas. Si se escribiesen una por una, pienso que no cabrían en el mundo los libros que se escribirían”. Parece una exageración pero es pura verdad. Nadie jamás sería capaz de escribir todas las cosas que Jesús hizo y que sigue haciendo en la vida de las personas que siguen a Jesús hasta hoy.
4) Para una reflexión personal
• En tu vida ¿hay cosas que Jesús hizo y que podrían escribirse en ese libro que no se escribirá jamás?
• Pedro se preocupa de unos y otros y olvida realizar su propio “Sígueme”. ¿Te pasó a ti también?
5) Oración final
Yahvé en su santo Templo, Yahvé en su trono celeste; sus ojos ven el mundo, sus pupilas examinan a los hombres. (Sal 11,4)

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Lectio: Domingo, 20 Mayo, 2018
El testimonio del Espíritu Santo y el testimonio de los discípulos Juan 15, 26-27. 16, 12-15

1. Oración inicial
¿Cuándo vendrá el Consolador, oh Padre mío? ¿Cuándo llegará a mí tu Espíritu de verdad? El Señor Jesús nos lo ha prometido, dijo que lo enviaría desde tu seno hasta nosotros. Padre, ¡abre tu corazón y envíalo desde los cielos santos, desde tus altas moradas! No tardes más, sino cumple la antigua promesa; ¡sálvanos hoy, para siempre! Abre y danos tu Amor por nosotros, para que también yo pueda abrirme y ser liberado por ti y en Ti. Que esta Palabra tuya sea hoy el lugar santo de nuestro encuentro, la estancia nupcial de la inmersión en ti, ¡oh Trinidad Amor! Ven a mí y yo a ti. ¡Permanece, oh Padre! ¡Permanece, oh Hijo Jesucristo! ¡Permanece para siempre, oh Espíritu Consolador, no me abandones jamás! Amén.

2. Lectura
a) Para situar el pasaje en su contexto:
Los pocos versículos que nos ofrece la liturgia hoy para la meditación, pertenecen al gran discurso de despedida dirigido por Jesús a sus discípulos antes de la Pasión, que Juan prolonga desde el cap. 13, 31 hasta el final del cap. 17. Jesús comienza a hablar aquí de las consecuencias inevitables del seguimiento y de la opción de fe y de amor por Él; el discípulo debe estar pronto a sufrir persecución por parte del mundo. Pero en este combate, en este sufrimiento, hay un Consolador, un Defensor, un Abogado, que testimonia por nosotros y nos salva: el don del Espíritu ilumina los acontecimientos humanos del discípulo, y lo llena de esperanza viva. Él ha sido enviado para hacernos comprender el misterio de Cristo y para hacernos partícipes del mismo.
b) Para ayudar en la lectura del pasaje
15, 26-27: Jesús anuncia el envío del Espíritu Santo, como Consolador, como Abogado defensor; será el que actúe en el proceso acusatorio que el mundo hace contra los discípulos de Cristo. Será Él, el que los haga fuertes en la persecución. El Espíritu da testimonio ante el mundo respecto al Señor Jesús; Él defiende a Cristo, contestado, acusado, rechazado. Pero, es necesario también el testimonio de los discípulos; el Espíritu debe servirse de ellos para proclamar con poder al Señor Jesús en este mundo. Es la belleza de nuestra vida convertida en testimonio de amor y fidelidad a Cristo. 16, 12: Jesús coloca a sus discípulos – y por lo tanto a nosotros – frente a su condición de pobreza, de incapacidad, por la cual no les es dado comprender muy bien, ni las palabras de Jesús, ni las palabras de la Escritura. Su verdad es todavía un peso, que no pueden recibir, sostener y llevar. 16, 13-15: En estos últimos versículos, la Palabra de Jesús revela a los discípulos cuál será la acción del Espíritu en ellos. Será Él el que los lleve hasta la verdad completa, es decir, les hará comprender el misterio de Jesús en su totalidad, en la totalidad de su verdad. Él guiará, revelará, anunciará, iluminará, dándonos a nosotros, discípulos, las mismas palabras del Padre. Y así, seremos conducidos al encuentro con Dios; se nos hará capaces, por gracia, de comprender la profundidad del Padre y del Hijo.
c) El Texto:
15, 26 Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, él dará testimonio de mí. 27 Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. 16, 12 Mucho tengo todavía que deciros, pero ahora no podéis con ello. 13 Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad completa; pues no hablará por su cuenta, sino que hablará lo que oiga, y os explicará lo que ha de venir. 14 Él me dará gloria, porque recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros. 15 Todo lo que tiene el Padre es mío. Por eso he dicho: Recibirá de lo mío y os lo explicará a vosotros.
3. Un momento di silencio orante
Hago silencio. De vez en cuando repito en voz baja: “Ven, Espíritu Santo”.
4. Algunas preguntas
a) “Cuando venga el Paráclito”. Jesús me pone frente a una realidad bien concreta; Él abre ante mí, un tiempo nuevo, un tiempo distinto y me dice que existe una espera en mi vida. Está para llegar el Paráclito, el Espíritu Santo. ¿Por qué, Señor, te he esperado tan poco, por qué ha sido tan frágil, tan hipócrita, mi atención hacia Ti? Tu mandas a Alguien a buscarme, y ni tan siquiera me doy cruenta, ni tan siquiera muestro interés. b) “También vosotros daréis testimonio”. Jesús afirma esto, dirigiéndose a los discípulos de entonces y de ahora. Me habla y me dice: “También tú darás testimonio”. Tengo miedo, tú lo sabes. ¿Por qué dar la cara ante todos: a mis compañeros de colegio, de universidad, de equipo, a mis amigos, que me invitan a salir con ellos? ¿Por qué este esfuerzo? ¿No puedo ser cristiano igualmente? ¡Tú eres mi principio y mi fin; tú eres mi entera existencia! ¿Cómo es, Señor, que no doy testimonio? ¿Cómo puedo continuar así? c) “Os guiará hasta la verdad completa”. Siempre he programado mis cambios, mis decisiones de cambio: siempre me las he arreglado bien solo. Y ahora, Señor, tú me dices que otro me guiará. No es una elección fácil, te lo confieso. Pero, deseo probar, deseo acogerte, ¡oh Tú, que eres el Amor, que yo me deje aferrar por tu Espíritu! ¿Me llevará al desierto, como hizo contigo? (cf. Lc 4,1) ¿Abrirá mi vida, como abrió el seno de la Virgen María? (Lc 1,35) ¿Me invadirá como hizo con Pedro, con los otros, con cuantos creyeron en la predicación, como narran los Hechos de los Apóstoles? No sé lo que me sucederá, pero deseo decirte que sí.
5. Una clave para la lectura
* El Espíritu Santo Paráclito
En un primer momento, este término puede sonar un poco raro; me confunde, me desorienta. Sé que es una palabra griega bastante extendida ya en la antigüedad, un poco en todo el mundo mediterráneo. San Juan la utilizó un poco más arriba, diciendo: “Yo rogaré al Padre y Él os dará otro Paráclito, para que permanezca en vosotros para siempre” (Jn 14, 16) y revelando que el Espíritu viene a consolar, a permanecer junto a nosotros, a defender, a proteger. Aquí, sin embargo, en este versículo, parece que emerge otro significado un tanto diverso: el Espíritu Santo se presenta a nosotros como el Abogado, es decir, el que está junto a nosotros en el juicio, en las acusaciones, en el tribunal de la persecución. Lo sabemos, toda la historia, incluso la de nuestros días, lleva en su corazón la acusación, el desprecio, la condenación hacia el Señor Jesús y hacia cuantos lo aman. Es la historia de cada día de todos. En el banco de los acusados, junto a Jesús, nos sentamos también nosotros. Pero no estamos solos. Tenemos un Abogado. El Espíritu del Señor viene y actúa en el juicio en nuestro favor: habla, da testimonio, trata de convencer y de probar. Es inmensa su obra en medio de nosotros y en favor de nosotros. Junto al Padre, nuestro Abogado es Jesús, como escribe Juan en su Primera Carta (1 Jn 2, 1); pero ante el mundo, nuestro Abogado es el Espíritu, que Él nos envía desde el Padre. No debemos preparar antes nuestra defensa (Lc 21, 14), pensando que podremos disculparnos por nosotros solos, sino que debemos dejar un espacio al soplo del Espíritu Santo dentro de nosotros, dejar que sea Él el que hable, el que diga, el que pruebe. También Pablo tuvo que hacer esta dura experiencia; lo escribe en su Segunda Carta a Timoteo: “En mi primera defensa nadie me asistió, antes bien todos me desampararon ” (2 Tim 4, 16). Y es así: no hay defensa para nosotros, ni inocencia, ni liberación, ni excarcelación verdadera, si no es en relación íntima con el Espíritu del Señor. Él se nos envía, para que podamos dejarnos arrebatar por su presencia, como en un abrazo, como en una relación íntima e intensa de amistad, de confianza, de abandono y de amor.
* El testimonio
Empiezo a comprender, cuando continúo acogiendo las palabras de este evangelio en mi corazón, que la relación de nosotros, discípulos, con el Espíritu Santo tiene por finalidad el hacernos capaces de dar nuestro testimonio de Jesús. Se nos une indeciblemente al Espíritu Santo, somos aferrados por Él, atraídos por su fuego, que es el Amor recíproco del Padre y del Hijo, para que podamos nosotros iluminar también, ser fuente de amor en este mundo. Dar testimonio significa atestiguar con claridad, dando pruebas de ello. En primer lugar es el Espíritu Santo el que realiza este testimonio, continuamente, en todo lugar, en todo tiempo; Él actúa con potencia en nosotros y alrededor de nosotros. Él es el que mueve los corazones. Él es el que cambia nuestros pensamientos altaneros y endurecidos, el que une, el que reconcilia, el que impulsa al perdón y a la unión; más aún, es Él el que cura el alma, la psiche, el cuerpo y el corazón enfermos. Él es el que enseña, amaestra y hace dóciles, el que nos hace sabios, sencillos, pobres y puros. Da testimonio del Señor Jesús, el Salvador, a través de todas estas operaciones, toques leves de amor y comunión sobre nuestras tierras áridas y secas. Él da testimonio del Crucificado, del Sufriente por amor; pregona al Resucitado, que derrotó a la muerte para siempre; testimonia del Viviente, del Glorificado, de Aquél que está con nosotros hasta el final de los tiempos. Este es el testimonio. El Espíritu lo introduce en este mundo, nos lo trae; no podemos quedar indiferentes, continuar somnolientos, eligiendo un poco de aquí y otro poco de allá. Él es la verdad. Y, solamente hay una verdad: la de Dios, su Hijo Jesucristo. Estamos llamados a testimoniar todo esto, es decir, a poner y empeñar nuestra vida por amor a esta verdad. Testimoniar es convertirse en mártires, por amor. No solos, ni por nuestra fuerza, ni por nuestra sabiduría. “También vosotros daréis testimonio”, dice Jesús. Nuestro testimonio solamente puede subsistir dentro del testimonio del Espíritu Santo; no son testimonios paralelos, sino vidas fundidas juntas: la del Espíritu y la nuestra. Esto se realiza delante de los infinitos tribunales del mundo cada día. Nuestra vida se convierte, entonces, en un lugar sagrado, casi en un santuario, del testimonio al Señor Jesús. No se trata de realizar grandes obras, o demostrar sabiduría e inteligencia, atraer muchedumbres; no, solamente basta una cosa: decir al mundo que el Señor está vivo, que está aquí en medio de nosotros y que anuncia su misericordia, su amor infinito.
* El Padre
El contacto con el Espíritu Santo, el dejarse abrazar e invadir por Él, nos lleva al Señor Jesús; nos conduce hasta su corazón, hasta la fuente de su amor. Desde allí nosotros alcanzamos al Padre, recibimos al Padre. No teníamos nada, no hemos podido traer nada con nosotros al venir a este mundo, y ahora, ¡he aquí que somos colmados de dones! Imposible poder contenerlos todos. Hace falta dejar rebosar el recipiente, dejarlo salir fuera, hacia los hermanos y hermanas que encontremos, e incluso, dejarlo que florezca apenas en brevísimas experiencias de vida. El Espíritu habla de Jesús y utiliza las palabras del Padre; Él nos repite lo que oye en el seno del Padre. El Padre es su morada, su casa; viniendo a nosotros, el Espíritu trae su impronta, el sello de aquella morada, de aquel lugar de comunión infinita, que es el seno del Padre. Y nosotros comprendemos muy bien, que aquella es nuestra casa; reconocemos el lugar de nuestro origen y de nuestro fin. Descubrimos, al recibir el Espíritu de Jesús, que también nosotros venimos del Padre, que nacemos de Él y vivimos en Él. Si nos buscamos a nosotros, si deseamos encontrar el camino, el sentido de nuestra vida, todo está escrito en las palabras que el Espíritu pronuncia para nosotros, dentro de nosotros, respecto a nosotros. Hace falta hacer un gran silencio, para poderlo escuchar, para comprenderlo. Hace falta volver a casa, pensar en nuestro Padre y decir dentro de nosotros: “Sí, ¡basta ya! He vagado demasiado tiempo lejos y me he perdido… Volveré a mi Padre”. Contemplo cuántas maravillas puede obrar el Espíritu de la verdad, que mi Señor Jesucristo me envía desde el Padre. No será Pentecostés, si no me dejo aferrar por Él, ser llevado con Él hasta el seno del Padre, donde ya me espera el Cristo, donde ya está encendido para mí el fuego del Espíritu Santo.
6. Un momento de oración
Salmo 68 (La ternura del Padre es la morada del pobre)
Rit. ¡Abbà Padre, soy tu hijo!
Pero yo te dirijo mi oración, Yahvé, en el tiempo propicio: por tu inmenso amor respóndeme, oh Dios, por la verdad de tu salvación.
¡Respóndeme, Yahvé, por tu amor y tu bondad, por tu inmensa ternura vuelve a mí tus ojos; no apartes tu rostro de tu siervo, que estoy angustiado, respóndeme ya; acércate a mí, rescátame, líbrame de mis enemigos!
Celebraré con cantos el nombre de Dios, lo ensalzaré dándole gracias; Lo han visto los humildes y se alegran, animaros los que buscáis a Dios. Porque Yahvé escucha a los pobres, no desprecia a sus cautivos.
¡Alábenlo los cielos y la tierra, el mar y cuanto bulle en él! Pues Dios salvará a Sión, reconstruirá los poblados de Judá: la habitarán y la poseerán; la heredará la estirpe de sus siervos, en ella vivirán los que aman su nombre.
7. Oración final
Gracias, oh Padre, por la venida del Consolador, del Abogado; gracias por su testimonio de Jesús en el mundo y en mí, en mi vida. Gracias, porque es Él el que me hace capaz de recibir y llevar el peso glorioso de tu Hijo y mi Señor. Gracias, porque Él me guía a la verdad, me entrega la verdad toda entera y me revela las palabras que Tú mismo pronuncias. Gracias, Padre mío, porque en tu bondad y ternura, tú me has alcanzado hoy, me has atraído a Ti, me has hecho entrar en la casa de tu corazón; me has inmerso en el fuego de amor trinitario, donde tú y el Hijo Jesús sois una sola cosa en el beso infinito del Espíritu Santo. Aquí también estoy yo, y por eso mi alegría es desbordante. Te ruego, Padre, haz que yo pueda dar a todos este gozo en el testimonio amoroso de Jesús Salvador, cada día de mi vida. Amén.

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