Lecturas Domingo 3º de Pascua – Ciclo B domingo, 15 de abril de 2018.

Evangelio 
Lectura del santo evangelio según san Lucas (1,26-38):
A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la estirpe de David; la virgen se llamaba María. 
El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» 
Ella se turbó ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquél. 
El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin.» 
Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco a varón?» 
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios. Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible.» 
María contestó: «Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» 
Y la dejó el ángel.

Palabra del Señor

2º Domingo de Pascua, Domingo de la Misericordia. Misa Catequesis. 8/abril/18.

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,19-31):

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas por miedo a los judíos.
Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros.»
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegria al ver al Señor.
Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo.»
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos.»
Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús.
Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor.»
Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo.»
A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos.
Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros.»
Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente.»
Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!»
Jesús le dijo: «¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.»
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos se han escrito para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor

Solemne Vigilia Pascual Parroquial de Salinas 31 marzo 2018.

EVANGELIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos 16, 1-7
Pasado el sábado, María Magdalena, María la de Santiago, y Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol, fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras:

—«¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro?».

Al mirar, vieron que la piedra estaba corrida, y eso que era muy grande. Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la derecha, vestido de blanco. Y se asustaron. Él les dijo:

—«No os asustéis. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí. Ha resucitado. Mirad el sitio donde lo pusieron.

Ahora id a decir a sus discípulos y a Pedro: Él va por delante de vosotros a Galilea. Allí lo veréis, como os dijo».

Palabra de Dios.

Sábado Santo. Vigilia Pascual. La Iglesia espera con María ante el sepulcro.

El Sábado Santo conmemora el día en que Jesucristo estuvo en la tumba después de su muerte. Es el día después del Viernes Santo y el día antes del Domingo de Pascua. También se le conoce como víspera de Pascua

Después de que Jesús murió en la cruz el Viernes Santo, José de Arimatea, un adinerado miembro del Sanedrín y un discípulo secreto de Jesús, le pidió a Poncio Pilato el cuerpo de Jesús para enterrarlo. Pilato estuvo de acuerdo.

José de Arimatea roció el cuerpo de Jesús con mirra y áloe, lo envolvió con una capa de lino fino. Lo colocó en una tumba que había hecho para sí mismo e hizo rodar una enorme piedra sobre la tumba y se fue. Con esto, José cumplió la profecía de Isaías 53:

“Se le dio un sepulcro con los malhechores y una tumba con los impíos, aunque no había cometido violencia ni había engaño en su boca”.

Su madre, María, los Apóstoles – particularmente San Juan y María Magdalena, lamentaron esta gran pérdida.

Celebración Solemne en la UpapSalinas del Jueves Santo.

Reflexión del Papa Francisco:
Hemos sentido lo que Jesús hizo en la Última Cena. Es un gesto de despedida. Es la herencia que nos deja.

Él es Dios y se hizo siervo, servidor nuestro, y ésta es la herencia. También ustedes deben ser servidores, uno de los otros. Él hizo este camino por amor.

También ustedes tienen que amarse y ser servidores en el amor. Ésta es la herencia que nos deja Jesús.

Y hace este gesto de lavar los pies porque es un gesto simbólico: lo hacían los esclavos, los siervos, a los comensales, a la gente que venía al almuerzo o a la cena porque en aquel tiempo las calles eran todas de tierra, y cuando entraban a casa, era necesario lavarse los pies.

Jesús hace un gesto, un trabajo, un servicio de esclavo, de siervo, y esto lo deja como herencia entre nosotros.

Nosotros tenemos que ser servidores unos de los otros, y por eso la Iglesia, en el día de hoy cuando se conmemora la Última Cena, cuando Jesús ha instituido la Eucaristía, también hace en la ceremonia este gesto de lavar los pies, que nos recuerda que nosotros debemos ser siervos unos de otros.

Ahora yo haré este gesto, pero todos nosotros, en nuestro corazón, pensemos en los otros, y pensemos en el amor que Jesús nos dice que tenemos que tener con los otros; y pensemos también cómo podemos servirles mejor, a las otras personas, porque así Jesús lo quiso de nosotros (Homilía en Santa Marta, 17 de Abril de 2014)

Oración de Sanación
Señor, gracias desde lo profundo de mi corazón por habitar entre nosotros y darnos el regalo de tu salvación. Que mi relación contigo sea más intensa cada día.

Has decidido alimentarnos con tu cuerpo a través de la Sagrada Eucaristía para hacernos uno Contigo y encontrar el Reino dentro de nosotros.

Para seguir tu proyecto de vida debo servir y amar, pues si Tú, siendo Rey de reyes, te hiciste servidor de todos, también yo debo imitar tus gestos e amor.

Así como Tú has sanado mis heridas, sé mi fuente de poder para poder hacer lo mismo con aquellos que no han salido de su dolor y acercarlos a tu amor.

Quiero vivir en el amor y a salir de ese camino egoísta que la sociedad hoy propone: “Superación personal sin importar a quien dejo atrás en el camino”.

Dame, Señor mío, conciencia para ser cada día mejor, que tu alimento divino sea la fuente que me impulse y me proyecte a sembrar esperanzas a mi paso.

Gracias por todas las bendiciones con las que hoy me cubrirás y protegerás. Ayúdame a esforzarme sin desánimo y a ser la mejor versión de mí mismo.

Te amo, confío en tu poder transformante que consuela y renueva el espíritu victorioso en cada uno de nosotros a través de la Sagrada Eucaristía. Amén

Misa del Catecismo, Domingo de Pasión o Ramos. 25 marzo 2018.

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos (15,1-39):

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes, con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno, se reunieron, y, atando a jesús, lo llevaron y lo entregaron a Pilato. Pilato le preguntó:
S. «¿Eres tú el rey de los judíos?»
C. Él respondió:
+ «Tú lo dices.»
C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:
S. «¿No contestas nada? Mira cuántos cargos presentan contra ti.»
C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba muy extrañado. Por la fiesta solía soltarse un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los revoltosos que habían cometido un homicidio en la revuelta. La gente subió y empezó a pedir el indulto de costumbre. Pilato les contestó:
S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?»
C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia. Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de Barrabás. Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:
S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?»
C. Ellos gritaron de nuevo:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Pilato les dijo:
S. «Pues ¿qué mal ha hecho?»
C. Ellos gritaron más fuerte:
S. «¡Crucifícalo!»
C. Y Pilato, queriendo dar gusto a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio –al pretorio– y reunieron a toda la compañía. Lo vistieron de púrpura, le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:
S. «¡Salve, rey de los judíos!»
C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se postraban ante él. Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacaron para crucificarlo. Y a uno que pasaba, de vuelta del campo, a Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo, lo forzaron a llevar la cruz. Y llevaron a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»), y le ofrecieron vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucificaron y se repartieron sus ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno. Era media mañana cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito: «El rey de los judíos.» Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su izquierda. Así se cumplió la Escritura que dice: «Lo consideraron como un malhechor.» Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:
S. «¡Anda!, tú que destruías el templo y lo reconstruías en tres días, sálvate a ti mismo bajando de la cruz.»
C. Los sumos sacerdotes con los escribas se burlaban también de él, diciendo:
S. «A otros ha salvado, y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel, baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos.»
C. También los que estaban crucificados con él lo insultaban. Al llegar el mediodía, toda la región quedó en tinieblas hasta la media tarde. Y, a la media tarde, jesús clamó con voz potente:
+ «Eloí, Eloí, lamá sabaktaní.»
C. Que significa:
+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:
S. «Mira, está llamando a Elías.»
C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le daba de beber, diciendo:
S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo.»
C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo. El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:
S. «Realmente este hombre era Hijo de Dios.»

Palabra del Señor

Misa del Catecismo – 5º Domingo de Cuaresma. 18 marzo 2018.

5º Domingo de Cuaresma.
Celebramos el 5º domingo de cuaresma y D. Agustín comienza la homilía refiriéndose a las lecturas de la misa, en las que se nos dice que hemos nacido para cumplir una misión de la mejor manera posible y pone tres ejemplos, el primero referido a un jugador de futbol como Mesi, su misión es marcar goles y no se concebiría que no quisiera jugar, el segundo sería el caso de un águila que no quisiese volar por que tiene vértigo y el tercero el de una cerilla que tuviese miedo al fuego. Pues Jesús vino a cumplir su misión, construir un mundo nuevo de amor y para hacerlo se enfrenta a todos y acaba en la Cruz por amor. Un grano se planta, se pudre, muere, nace el tallo y da fruto, Jesús mismo nos dice que el grano ha de morir para dar fruto y así mismo nosotros hemos de enterrar nuestros egoísmos, cumplir con nuestro deber de hijos, de hermanos y de compañeros y transmitir nuestro amor a los demás en aras de un mundo mejor.
Acaba D. Agustín, como no podía ser menos, refiriéndose a las dos celebraciones del día, al Seminario, por una parte y al padre por otra. Tenemos novecientas parroquias y unos doscientos curas, con una medía de edad altísima, por eso nuestra Iglesia necesita sacerdotes y al mismo tiempo padres responsables y buenos cristianos. Oremos pues al Señor para que envía obreros a la mies.