Con María al pie de la cruz, esperando contra toda esperanza

1º DOMINGO DE CUARESMA.

JERUSALEM, ISRAEL – MARCH 4, 2015: The Crucifixion paint from end of 19. cent. by unknown artist as part of cross way cylce in Armenian Church Of Our Lady Of The Spasm.

En este primer domingo de Cuaresma, ​​si bien en estos meses de pandemia el sufrimiento es profundo y mundial, les ofrecemos algunos extractos de la meditación de Cuaresma del padre Cantalamessa1 transmitida el 19 de diciembre de 2020 por Radio Vaticano:

Un texto del Vaticano II menciona la esperanza de María al pie de la cruz como un elemento determinante de su vocación materna: “padeciendo con su Hijo cuando moría en la cruz, cooperó en forma enteramente impar a la obra del Salvador con la obediencia, la fe, la esperanza y la ardiente caridad”.

Vengamos a la Iglesia, es decir, a nosotros mismos. (…) Así como ella estuvo cerca de su Hijo crucificado, la Iglesia está llamada a estar cerca de los crucificados de hoy: los pobres, los que sufren, los humillados y los oprimidos. ¿Y cómo cumplirá la Iglesia esta misión? Con esperanza, como María. No basta con simpatizar con sus penas o incluso buscar aliviarlas. No es suficiente. Cualquiera puede hacerlo, incluso el que ignora la Resurrección. La Iglesia debe traer esperanza proclamando que el sufrimiento no es absurdo, que tiene sentido, porque habrá una resurrección de los muertos. Debe “dar razón de su esperanza” (cf. 1 P 3,15).

La gente necesita esperanza para vivir como oxígeno para respirar. Durante mucho tiempo y hasta hoy, la esperanza había sido la hermana menor, la pariente pobre de las virtudes teologales. El poeta francés Charles Péguy tiene una buena imagen al respecto. Dice que las tres virtudes teologales —la fe, la esperanza y la caridad— son como tres hermanas: dos adultas y una aún niña. Caminan juntas por la calle tomadas de la mano, las dos mayores a los lados y la pequeña en medio. La niña, por supuesto, se llama Esperanza. Todos los que las ven dicen: “¡Obviamente, las dos mayores son las que llevan a la niña!” ¡Están equivocados! Es la pequeña Esperanza la que arrastra a las dos hermanas, porque si ella se detiene, todo se detiene.

Debemos, como nos sugiere el mismo poeta, convertirnos en “cómplices de la pequeña Esperanza”. Convertirse en cómplice de la esperanza es dejar que Dios te decepcione, te engañe tanto como Él quiera. Mejor aún: es sentirse feliz hasta en el último rincón de tu corazón, aunque Dios no te haya escuchado ni la primera ni la segunda vez o que no te siga escuchando, porque así te permite darle una prueba más de tu confianza, cada vez más difícil. Así te concedió una gracia mayor que la que le pediste: la gracia de esperar en él. ¡Tiene toda la eternidad para hacerse perdonar la demora! Dirijamos nuestra mirada hacia la que supo estar cerca de la cruz, esperando contra toda esperanza.

El padre Raniero Cantalamessa, franciscano y predicador de la Casa Pontificia, fue elevado a cardenal por el papa Francisco el 28 de noviembre 2020.

Padre Raniero Cantalamessa, 3a predicación de Cuaresma ( extractos).

Dios te salve, Maria, llena eres de gracia, el Señor es contigo, bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen

HAGAMOS CONOCER Y AMAR A MARIA, MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA. ELLA INTERCEDE POR NOSOTROS ANTE EL ALTÍSIMO.