Los sacerdotes se reúnen en Covadonga para celebrar San Juan de Ávila

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Este martes, 10 de mayo, se celebraba la festividad de San Juan de Ávila, patrono del clero secular. Con este motivo, un grupo de sacerdotes diocesanos se dieron cita en Covadonga para celebrar este día, que comenzaba con la charla del Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz, “San Juan de Ávila, compañía fraterna de sacerdotes”, que tuvo lugar en el salón de actos del Museo. A continuación, se celebró la Eucaristía en la Basílica. La homilía fue pronunciada por el Delegado Episcopal del Clero, el sacerdote José Antonio González Montoto, quien subrayó que «Anunciar a un grupo de hermanos que hay que ser santos, al estilo de Juan de Ávila, parece menos conveniente y, sin embargo, hay que decirlo, repetirlo, proclamarlo, gritarlo: “Seréis santos, dice el Señor, porque yo soy santo”. Una santidad que consiste en estar habitados, dirigidos, consagrados y enviados por el Espíritu del Resucitado».

«San Juan de Ávila vivió en un tiempo en que los santos abundaban: Ignacio de Loyola, Teresa de Jesús, Juan de la Cruz, Juan de Dios. Pedro de Alcántara, Tomás de Villanueva, cada uno testigo del Dios que hace profetas y apóstoles, misioneros  y místicos, servidores de una Iglesia que aspira a ser santa e inmaculada la esposa radiante que es para el mundo, sacramento universal de salvación», afirmó ante los sacerdotes asistentes el Delegado episcopal del Clero. «Podéis decirme: “Pero con estos años y achaques, con el trabajo que se nos multiplica y vivimos los “rallies” dominicales, sin tiempo para estar tranquilamente con nuestra gente, arreglando templos y casas rectorales, con una población muy mayor que con la pandemia se ha quedado viendo la Misa por la tele, ¿cómo ser santos felices, serviciales, pacientes, viviendo la fraternidad sacerdotal, sin rehuir la llamada a estar juntos en las convocatorias arciprestales, ahora con la convocatoria de un Sínodo que nos impulsa a escuchar a todos? Pues sí, en estas circunstancia concretas yo tengo que aspirar a la santidad de vida, a la coherencia entre lo que predico y lo que vivo, de manera que todo el que me trate pueda decir: Este cura vive con pasión su amor al Señor Jesús y a las personas que se le han confiado”.