Esta oración católica, cuyo “poder es indescriptible”.

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El Rosario, tal como lo conocemos hoy, se originó a mediados o finales del siglo XV, aunque la tradición dice que fue creado por santo Domingo de Guzmán a principios del siglo XIII.En Irlanda, en el siglo IX, los laicos comenzaron a utilizar un collar de cuentas para contar los “150 padrenuestros” que rezaban con el fin de imitar el número de salmos recitados por el clero regular de los monasterios durante el Oficio Divino. En esa época, esta devoción se llamaba “Salterio de la Virgen”. Asimismo, en la Iglesia Oriental, los laicos generalmente usaban una cuerda con nudos.En 1198, la Orden de la Santísima Trinidad para la Redención de los Cautivos comenzó a rezar el Rosario de la Santísima Trinidad con un rosario de nueve cuentas divididas en tres series. La oración central de este Rosario era el Trisagio.En 1233, la Orden de los Siervos de María (Servitas) creó un rosario conocido como el Rosario de los Siete Dolores de Nuestra Señora, rezado con un rosario de siete decenas.En 1422, la Orden de los Frailes Menores (los Franciscanos) instituyó el Rosario de los Siete Gozos de Nuestra Señora, también conocido como la Corona Franciscana. Este Rosario se reza con siete decenas de avemarías, finalizando con un padrenuestro y una pequeña doxología, con dos avemarías adicionales al final.En 1851, la Santa Sede aprobó el Rosario de San Miguel, que consta de nueve grupos de tres cuentas pequeñas separadas por una cuenta grande. Las oraciones que se utilizan son el padrenuestro y el avemaría.El Rosario es muy popular en la Iglesia Católica. El obispo Fulton Sheen(1) dijo de él:“El Rosario es el libro de los ciegos, donde las almas ven y donde se desarrolla el mayor drama de amor que el mundo haya conocido jamás; es el libro de los sencillos, que los inicia en misterios y conocimientos más satisfactorios que cualquier otra enseñanza humana; es el libro de los ancianos, cuyos ojos están cerrados a las sombras de este mundo y abiertos a la sustancia del mundo venidero. El poder del Rosario es indescriptible”.