“Los trabajos del Sínodo han dejado un buen poso en la diócesis”

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“Los trabajos del Sínodo han dejado un buen poso en la diócesis”

Entrevista a Marcelino Garay, coordinador de la Comisión Diocesana del Sínodo

¿Qué balance hace de la participación?

La participación ha sido abundante y buena; han sido una 3.000 personas, de las cuales, unas quinientas y pico han sido participaciones individuales y el resto agrupadas en 243 grupos. Sobre todo ha habido mucho dinamismo, mucha actividad en los centros urbanos y menos en los rurales, lo cual es explicable porque hay menos gente y más envejecida, pero bueno lo cierto es que nos parece que la participación ha sido buena.

Llama la atención que Gijón ha sido el arciprestazgo donde ha habido más participación.

Sí, junto con el de Oviedo han sido los dos arciprestazgos donde ha habido más grupos y más movimiento. La consulta estaba pensada y propuesta en el más amplio sentido: niños, jóvenes, personas vulnerables, alejados, cercanos e incluso no creyentes, y ha habido algunas minorías que integraban a no creyentes, migrantes, o gente alejada. Aunque la participación no haya sido masiva, sí que ha abarcado a sectores muy diversos.

También es interesante la participación individual de esas más de quinientas personas que mencionaba antes, que por la circunstancia que sea no han podido participar en parroquias pero que no han querido dejar de tener voz en estos trabajos.

Sí, esa posibilidad de la participación individual estaba contemplada. Recibimos varias participaciones vía correo electrónico y además en las parroquias se habían puesto unos trípticos explicando lo que era el Sínodo y proponiendo dos preguntas muy sencillas, y la gente que quiso cogió esos folletos y los devolvió cubiertos.

Dentro de las conclusiones son varios los temas que se tocan en cuanto a la participación de los fieles en la Iglesia, los cambios que están teniendo lugar… ¿Qué destacaría en cuanto a lo que se ha ido trabajando, de todos los resultados que salieron?

En primer lugar, a la gente le sorprendió que el Papa quisiera una consulta amplia, que no solamente se redujera al clero o a los religiosos, sino que también se hiciera pensando en el amplio espectro de los laicos; además, la gente se sintió a gusto en el sentido de que se reunió, no para hablar de cómo llevar a cabo una actividad en la Iglesia, sino para poder compartir su fe, su vida, su visión de la Iglesia, y se sintieron formando grupo y comunidad.

En cuanto a las cosas que han salido, destaca sobre todo que la Iglesia sea acogedora: que sea cercana y que, en esa acogida y cercanía, no ponga aduanas, aunque claro está, estableciendo unos criterios, pero que la primera actitud sea de empatía, de respeto, de amabilidad y eso concentrado en muchas participaciones en los obispos y en los sacerdotes que son para mucha gente el rostro visible de la Iglesia oficial. Que la Iglesia sea acogedora de toda clase de personas sin distinción de condición social, política y sexual.

En varios momentos se menciona la importancia del trabajo y de la responsabilidad de los laicos principalmente en aquellos órganos de participación como los Consejos pastorales donde, afirman, a veces tienen un papel más informativo más que participativo.

Sí, para que sea una Iglesia en sinodalidad, es decir, de camino conjunto, hay que contar con los laicos y para contar con los laicos hay que disponer de equipos donde puedan ser escuchados y donde pueda hablar, discernir, etc. Ahí entran los Consejos pastorales, los Consejos económicos, las Juntas, las Unidades pastorales; eso es lo que a veces falta en muchas parroquias y comunidades, ámbitos o espacios donde nos podamos escuchar unos a otros; y efectivamente allí donde existen también hay el peligro real de que sean ámbitos puramente formales donde no haya una reflexión compartida sino que haya una descarga de información y una propuesta para que se aprueban líneas diseñadas previamente sin contar con la gente; en las participaciones se insiste en que se creen esos ámbitos y que respondan en espíritu y en la práctica para lo que están pensados.

¿Qué poso cree que ha podido dejar este trabajo en nuestra diócesis?

Una buena impresión. La gente se sorprendió y vio con agrado que la Iglesia, el Papa en concreto, pidiese que todo el mundo pudiera participar y ser escuchado. Lo que hay que esperar ahora es que no se deje pasar esto, porque frecuentemente se consulta al pueblo de Dios y a los laicos, lo laicos responden con interés y después nadie conoce dónde fueron a parar esas aportaciones y no vuelven.

En la Iglesia nos está fallando el ida y vuelta de la información, y la comisión del Sínodo está comprometida a que las personas que han participado y todas en general –está la síntesis colgada en la página web– conozcan lo que se ha tratado.

Una vez que esa aportación vaya a la Conferencia Episcopal, de allí empezará la segunda fase, la continental, y la tercera fase, la fase universal, comenzará en octubre de 2023. Esperamos que la conclusiones que se decanten vuelvan a las diócesis y la gente pueda conocer el proceso y qué cosas se han concluido y que, al mismo tiempo, puedan seguir aportando.