Un encuentro inolvidable

Lo llegaron a llamar “el invento más hermoso de San Juan Pablo II”, ya que él fue quien, en el año 1984, hizo una llamada a los jóvenes para vivir un encuentro especial, todos juntos, un Domingo de Ramos. El éxito de la convocatoria fue tal que sorprendió a los propios organizadores, de tal manera que con ello comenzó una cita periódica, que va a cumplir ya 40 años y que a estas alturas se ha celebrado en todos los continentes. 

La próxima será este verano, en Lisboa, a partir del 1 de agosto. Será la primera JMJ después de la gran pandemia, y llevará por lema “María se levantó y partió sin demora”. 

Pope John Paul II July 28, 2002.

Los organizadores en el país luso llevan años trabajando en ella y se sabe que son ya mil los jóvenes de todo el mundo inscritos como voluntarios para que estos días de agosto se desarrollen de manera fluida y sin complicaciones. Los participantes que se acerquen hasta Lisboa este verano son de momento una incógnita, pero atendiendo a las cifras de participantes de otras JMJ, puede oscilar entre un millón y casi cuatro millones de jóvenes, como pasó en Brasil en el año 2013, seguida de Polonia, en el 2016, con tres millones y medio de asistentes.

“Lo que en una JMJ se vive –explica el Delegado episcopal de Pastoral Juvenil de la diócesis, Manuel Viego Tomás–, es un encuentro profundo de Iglesia de los jóvenes, que ven que no están solos. Es una experiencia increíble llena de momentos inolvidables, como cuando estás durmiendo al raso en una explanada, la noche de la Vigilia, esperando  la  misa del Envío del último día. O como cuando conoces a otros chicos y chicas del mundo, compartes con ellos, intercambias cosas que llevas en la mochila: estampas, postales, banderas, y haces amigos muy especiales. Es una experiencia de fe profunda, que cambia vidas”.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud transcurren entre catequesis con obispos de todo el mundo normalmente organizadas por idiomas, actividades de todo tipo y la vivencia del hospedaje, que puede ser con familias o en pabellones. “La experiencia de la familia es muy interesante porque son personas católicas que te acogen como un hijo más”, reconoce el Delegado de Pastoral Juvenil. 

La Vigilia de la noche anterior a la Misa del Envío suele ser especialmente emotiva, con la noche en vela –es un clásico–, por mucho que algunos pongan todo su empeño en dormir unos minutos. “Yo siempre les digo a los jóvenes, cuando se quejan por ejemplo por lo mucho que hay que caminar, o por el ritmo de las actividades, que hay mucha diferencia entre ver  una JMJ por televisión, o vivirla –explica el sacerdote Viego Tomás–. Cuando las vives, no puedes llegar a ver todo, pero sin duda tendrás una experiencia profunda que va a marcar tu vida. Con la Misa del Envío por parte del Papa se termina la JMJ. A lo mejor ya no te vuelve a tocar porque ya dejas de ser joven, hay que aprovecharlas a tope”.

“María se levantó y partió sin demora”, es el lema de este año, cita del evangelio de Lucas que se plantea como una continuación de la JMJ de Panamá, que era sobre la Anunciación, y esta versará sobre la Visitación. “El Papa quiere que sea el joven el que salga después con esta experiencia de Dios a evangelizar a los demás y encontrarse con ellos. El lema dará sentido a todo lo que luego se vivirá en la JMJ”, explica el Delegado.

¿Cómo se organiza la diócesis?

La Delegación episcopal de Pastoral Juvenil ha colgado en su página web www.pjasturias.org toda la información sobre la JMJ y las inscripciones. 

Actualmente hay dos modalidades, una en la que los jóvenes podrán vivir previamente los Días en las diócesis, que en el caso de Asturias será en Oporto, y otra en la que se acude directamente el 1 de agosto a la celebración de la JMJ. Por el momento, hay ciento cincuenta jóvenes de la diócesis que han confirmado su asistencia, tres autobuses. 

“El problema frecuente con las JMJ es que suelen ser caras –explica el Delegado–. Los jóvenes habitualmente se organizan para hacer actividades, conseguir dinero y así poder sufragar una parte de los gastos. En mi parroquia, por ejemplo, han hecho muchas actividades en Navidad. Y lo hacen entre todos, no solo los que van, sino los que se quedan aquí también ayudan. Y es que los diez días –si se hace la modalidad con los Días en las diócesis– suelen salir por unos 600 euros, mucho dinero para una familia, especialmente si más de un hijo quiere ir”. “A eso hay que sumarle que con todo el problema del gasoil, a las empresas les está costando cerrar un presupuesto –añade–. En breve lo tendremos ya, esperamos”.

Queda cada vez menos para vivir una experiencia única para un joven. Menos de doscientos días, con tiempo para prepararse, para aprenderse el himno, para esperar a encontrarse con otras personas de todo el mundo unidas por una misma fe. 

“María se levantó y partió sin demora”. Y los jóvenes partirán también, en busca de un encuentro que cambie su vida.