Misa del Catecismo. 4º Domingo de Cuaresma – 31 marzo 2019.

Misa Dominical del Catecismo Parroquial de Ntra.Sra. del Carmen. Salinas.

Celebramos hoy el 4º domingo de cuaresma, o el también llamado domingo  de “laetare”, una especie de respiro en la austeridad de la cuaresma, con la alegría que nos da la proximidad de la Pascua. motivo por el que el Sacerdote lleva casulla rosa salmón.

El evangelio de hoy es quizás y no solamente uno de los más nombrados, sino también de los más importantes, ya que recoge a la perfección la magnanimidad y bondad de Dios hacia el hombre.

Un Padre que perdona todo, olvida los desmanes de su hijo y demuestra su enorme alegría por la vuelta a casa del mismo. Hoy quiso D. Agustín que la propia lectura de dicho evangelio entre varias personas, buscando incluso un autentico padre para dicha figura, sirviese casi de homilía, pues una vez leído y bien leído, poco más se puede añadir. Confieso que yo mismo de verme metido en la parábola en el caso del hijo “bueno”, también hubiera sentido celos y quizás me hubiese disgustado, pero que lejos están los planteamientos de Dios y que gran lección nos da, otorgando su perdón a todos y de todo, por grande que sea el pecado.

Cuánto tenemos que aprender y llevar a la práctica en nuestras vidas, perdonando siempre, hasta setenta veces siete.

Como nos dijo hoy D. Agustín, aprovechemos esta Cuaresma y la próxima Pascua para reconciliarnos con el Señor por medio de la confesión, pidámosle perdón y pidamos también perdón a quienes de entre nuestros prójimos hayamos ofendido o causado dolor. Amen.

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Evangelio

Evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32), del domingo, 31 de marzo de 2019

Lectura del santo evangelio según san Lucas (15, 1-3.11-32):

En aquel tiempo, solían acercaron a Jesús todos los publicanos y los pecadores a escucharlo. Y los fariseos y los escribas murmuraban diciendo:
– «Ese acoge a los pecadores y come con ellos.»
Jesús les dijo esta parábola:
– «Un hombre tenía dos hijos; el menor de ellos dijo a su padre: “Padre, dame la parte que me toca de la fortuna.”
El padre les repartió los bienes.
No muchos días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo,se marchó a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente.
Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible, y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y se contrató con uno de los ciudadanos de aquel país que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Deseaba saciarse de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba nada.
Recapacitando entonces, se dijo:
“Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me levantaré, me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros. ”
Se levantó y vino a donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se le conmovieron las entrañas; y, echando a correr, se le echó al cuello y lo cubrió de besos.
Su hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo, ”
Pero el padre dijo a sus criados:
“Sacad en seguida la mejor túnica y vestídsela; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y sacrificadlo; comamos y celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado.”
Y empezaron a celebrar el banquete.
Su hijo mayor estaba en el campo.
Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y la danza, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello.
Este le contestó:
“Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha sacrificado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud.”
El se indignó y no quería entrar; pero su padre salió e intentaba persuadirlo.
Entonces él respondió a su padre:
“Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; en cambio, cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado.”
El padre le dijo:
“Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo; pero era preciso celebrar un banquete y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado”».

Palabra del Señor