«Ojalá que, tras el periodo de espera pertinente, pueda iniciarse el proceso de canonización de una persona que fue santa y sabia»

Entrevista al Arzobispo de Oviedo, Mons. Jesús Sanz Montes, sobre la figura de Benedicto XVI

Han sido muchas las impresiones que durante toda esta semana se han ido recogiendo en los medios de comunicación sobre la aportación del Papa Benedicto XVI a la Iglesia, su figura intelectual, su humildad y sencillez. Si tuviera que destacar algo sobre el legado que nos deja, ¿qué sería?
Pues ese algo es inmenso, porque en él se concitan tantos aspectos que Dios quiso precisamente  personificaren él como un regalo que necesitaba la Iglesia de nuestro tiempo. Joseph Raztinger nace en una coyuntura muy concreta: estaban todavía los humos de la Primera Guerra Mundial; se estaban ya caldeando los de la Segunda Guerra Mundial; había una crisis económica importante con el crack del 29 y eso estaba provocando que políticamente, económicamente y culturalmente hubiera una especie de desfase.
En esa coyuntura nace y crece, por tanto, con tantos retos y desafíos que tuvo que afrontar con su familia .
El bagaje de estudios humanísticos clásicos, después filosóficos y teológicos, hacen que emerja en él esta calidad intelectual de primer orden. Una persona particularmente dotada con el don de la sabiduría. Una inteligencia despierta. La palabra inteligencia viene de Intus Legere (leer por dentro), y él tuvo el acierto de saber leer interiormente lo que en ese momento teníamos entre manos como una respuesta a dar a esos los retos y desafíos.
Él estuvo a la altura de aportar su inteligencia grande y su sabiduría serena para que la Iglesia pudiera tener en él un fundamento, una certeza y una compañía como la que Dios nos regaló con este querido Papa.

Su lema episcopal fue “Cooperador de la verdad”, y esa verdad que siempre tuvo presente le llevó a hablar también de la dictadura del relativismo, que es un punto de vista que sigue hoy más vigente que nunca.
Sí, él tuvo esa sensibilidad especial del amor a la verdad, la verdad en el amor. Su primera encíclica, Caritas in Veritate, nos acerca precisamente a una verdad que es amable y a un amor que es verdadero. Y con esa síntesis es con la que él cooperará con la verdad que es en el fondo Dios que se hace hombre, que hemos celebrado días atrás en la Navidad.
Yo he recordado en estos días cómo necesitábamos alguien que nos diera el empuje, que nos despertase del letargo y de una cierta depresión cultural en la que estaba atravesando en aquel momento la Iglesia del inmediato post concilio.
Y el Señor nos quiso regalar un huracán, el huracán Wojtyla, San Juan Pablo II, que era necesario y fue quien eligió a Ratzinger como su mano derecha en una importante faceta como es la Teología, la doctrina, la verdad. Pero se complementaban porque también la Iglesia, junto con el huracán, necesitaba un poco de calma serena que acercase la paz. Y esa paz serena, esa calma, fue la brisa de Ratzinger. El huracán de Wojtyla y la brisa de Ratzinger. Dos maneras complementarias de acompañar y fundamentar la Iglesia de nuestros días.

Benedicto XVI tuvo una relación muy especial con España, vino a nuestro país en tres ocasiones, la última, la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid. ¿En qué ocasiones coincidió usted con él, y cómo transcurrieron estos encuentros?
Antes de ser el Papa, cuando era cardenal, tuve que ir en ocasiones en Roma para consultas o tareas que la Santa Sede a veces nos solicita a los obispos, y ahí hubo varios encuentros. Siempre estabas delante de alguien que te miraba con una profundidad con la que te sentías protegido y acompañado, nunca suplido o sustituido. Esa es la tarea de un padre, que acompaña la vida y nunca la sustituye. Y yo esa sensación la tenía cuando estaba con el cardenal Ratzinger ante problemáticas concretas del campo de la Teología, que es a lo que antes yo me dedicaba.

Ya siendo Papa, me he visto con él en varias ocasiones y lo mismo. Recuerdo concretamente el concierto que se le quiso ofrecer por parte de la Orquesta Sinfónica del Principado, la OSPA, en el año 2011 en la sala Pablo VI. La única condición que él puso es que fuera repertorio español. Temas de España o inspirados en España. Tras la ejecución de un concierto magnífico, tuvo unas palabras inolvidables. Yo había preparado unas palabras que no pude pronunciar en público por falta de tiempo, pero que le dije al saludarle personalmente . Le pregunté en alemán “¿Conoce usted Asturias?”. Y me dijo “No. Bueno no, todavía”.
Recuerdo que así se lo conté a los medios de comunicación, lo cual dio pie para que poco menos que se dijera que el Arzobispo de Oviedo había cerrado la agenda con el Santo Padre para un inminente viaje. Que no fue así, evidentemente. (Risas)

Él conocía Asturias probablemente por el testimonio que le dio el propio San Juan Pablo II, especialmente cuando refería lo mucho que le conmovió al Papa polaco la visita a Covadonga y el rezo ante la Santina. Y de esto hablamos también el Papa Benedicto y yo. Siempre que hemos escuchado o leído al Papa Benedicto hemos salido reconfortados, por esa profundidad de una Teología honda y bien fundamentada pero que tuvo el arte de hacerla sencilla. No solo con una sencillez que divulga y banaliza, sino que la llena de belleza. Son las tres notas que siempre destaco de él: la profundidad de un pensamiento; la sencillez en el comunicarlo y la belleza con la que todo ello ha sido envuelto.

En el año 2006 Benedicto XVI escribió un testamento espiritual que ahora se ha hecho público. Merece la pena leerlo, y destaca sobretodo esa petición que al principio lanza a sus compatriotas y que luego abre a todo el mundo que es “manteneos firmes en la fe”. ¿Qué le ha inspirado la lectura de este texto?
La fe para el Papa Benedicto siempre ha sido la clave donde todo se ensambla, se puede comprender y abrazar. Es una fe razonable porque la fe en el Papa Benedicto nunca fue fideísmo. Es una fe que tiene razones para la esperanza, como el amor. Es una fe que te permite ponerte ante el misterio, con todas tus preguntas a flor de piel, sabiendo que, como decía el gran poeta Rilke, todas esas preguntas son la condición previa para que tú reconozcas la respuesta.
La fe te permite no censurar tus preguntas, tus inquietudes, a veces tus contradicciones y pecados, sino saber que la última palabra no la tiene tu inquietud, tu ansiedad nerviosa; la última palabra la tiene quien viene para abrazarte dando respuesta justa y necesaria a todo lo que en ti está bullendo.
La fe en el Papa Benedicto es la explicación de un encuentro, no de una idea, sino un encuentro con alguien vivo que, dejando que entre en tu vida, te la transforma.

Yo espero que tras estos primeros cinco años que el derecho de la Iglesia impone, se pueda iniciar el proceso de canonización de una persona que ha sido santo y sabio.